Cuando la casa de tu vecino se convierte en un piso para turistas…

turistas Madrid - turismo responsableeldiario.es : El pasado noviembre uno de los dos ascensores del edificio donde vive Rosario se descolgó y cayó hasta la planta baja. Ninguno de los cinco ocupantes resultó herido pero los bomberos tardaron varias horas en sacarles. El aparato está inutilizado desde entonces a la espera de que se realicen los arreglos necesarios para volver a ponerlo en servicio, un coste que asciende a 25.000 euros a pagar por la comunidad de propietarios. La inspección estaba regla, al igual que el servicio de mantenimiento. Los bomberos señalaron sin embargo que el uso excesivo e indebido puede acarrear este tipo de incidentes.

Rosario, que prefiere que su apellido no salga publicado, así como la ubicación exacta de su casa, vive en un edificio residencial de amplias viviendas del céntrico distrito de Chamberí en una zona frecuentada por estudiantes universitarios. En una de las siete plantas hay una casa destinada a un hostal, con una licencia antigua de uso terciario –destinada al servicio de hospedaje–, y en otra más hay una residencia universitaria, tal y como se anuncia en internet.

Además, siete de las 32 pisos están alquilados a estudiantes, quienes en los últimos años re-alquilan sus habitaciones a turistas durante sus ausencias, sobre todo en fin de semana. La suciedad y los desperfectos en las zonas comunes van en aumento y la mujer está convencida de que el trasiego constante de gente más allá del uso residencial de las casas trae consecuencias, como un ascensor que se descuelga aunque las inspecciones siempre las han llevado al día. “Todos tenemos que pagar los desperfectos por otros que se están lucrando y además un día vamos a tener un disgusto”, afirma sobre su día a día conviviendo con casas alquiladas a turistas.

Cuenta cómo ha llegado a ver a personas sentadas con las piernas colgando hacia afuera sobre el alfeizar de una sexta planta. O su preocupación por que un día haya un incendio provocado por los cigarrillos encendidos que caen continuamente sobre la ropa tendida en el patio interior. “He dejado de subir con vecinos en el ascensor porque, sobre todo de jueves a domingo, te encuentras con un montón de gente que no sabes quién es”, afirma esta jubilada de 66 años.

Aquí podeis leer el articulo completo.

 

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